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Cómo el Yoga me ayudó a superar el estrés y la ansiedad

superar estrés y ansiedad con yoga
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Mi ritmo de vida ajetreado donde el trabajo, la familia, las relaciones sociales y otras responsabilidades me absorbían por completo. Empecé teniendo síntomas de un estrés suave y poco intenso que me estimulaba la capacidad de atención pero llego un momento en que necesitaba recurrir de forma excesiva al estrés para superar todas las distracciones que me bombardeaban cotidianamente.
Pero esta práctica me estaba llevando a la pérdida de mi salud. Mi vida se había convertido en una sucesión de dolores: de abdomen, de articulaciones, de estomago… y del corazón. La frontera entre los días laborables y los fines de semana se habían desdibujado y siempre pensaba que ya viviría mañana; mientras tanto, en el día a día solo me dedicaba a sobrevivir. Así fue pasando el tiempo, y notaba como iba empeorando mes a mes, año a año.
Este estrés crónico no solo afectaba a mi manera de ver la vida, era además muy perjudicial para mi organismo ya que me iban en aumento la presión arterial, tenía acelerado el ritmo de la respiración y me contraía los músculos.
En una de mis visitas al médico de cabecera este me habló de yoga y me dijo que la investigación ha aportado suficientes pruebas que ponen evidencia lo que los yoguis saben desde hace miles de años: que ejercitar el cuerpo, respirar profundamente, oxigenar el cerebro y hacer estiramientos conduce a un pensamiento más claro, a la salud corporal y a la reducción del estrés.
Así empecé a practicar el método de yoga para personas ocupadas, el Hatha Yoga, porque resulta perfecto para personas que, como yo, disponen de poco tiempo porque se centra en la precisión y permite seleccionar lo más valido de cada movimiento en cada postura.
Yo nunca había practicado yoga y mi cuerpo no era flexible, tenía algo de sobrepeso por lo que necesité de un tiempo prudente para dejar que las posturas fueran madurando. Después de las sesiones me sentía más fresca, más vigorosa, más viva…!!!
El Hatha Yoga aborda aspectos frecuentes de nuestra vida de hoy: poco tiempo, poca flexibilidad corporal y una mente difícil de tranquilizar. Proporciona un orden lógico de las posturas, permitiendo suficiente variedad sin alejarse de los resultados deseados, es decir, el máximo beneficio en el mínimo tiempo posible.

El método que practico se basa en tres sencillos pasos:

1. Centrar la atención. He mejorado mi capacidad de concentración y mi mente se ha apaciguado consiguiendo una conciencia más aguda sobre las acciones de mi cuerpo.
2. Ejecutar las posturas. Practicando una serie de posturas (asanas) me he centrado en una zona concreta de mi cuerpo, con el cambio de posturas consigo irrigar los diferentes órganos de mi cuerpo.
3. Liberar la experiencia. Con esto quiero decir que he aceptado todo lo que he hecho, tal y como está. Esto permite que se manifiesten los beneficios al máximo, lo cual refuerza la práctica sucesiva de las sesiones.
A medida que he ido practicando estos tres pasos me he dado cuenta que el yoga se realiza con una combinación de fluidez y precisión. No se trata simplemente de adoptar una postura, se trata también de mover conscientemente cada parte de mi cuerpo hasta llegar a ella. Esta atención ha convertido la práctica en una especie de danza que aporta armonía a mis movimientos.

 

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Foto: kennymatic

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